La VII edición del Torrelavega Sound City se celebró del 17 al 19 de agosto en el recinto exterior de La Lechera y volvió a confirmar el buen momento del festival, que mantiene contra viento y marea su modelo de aforo libre y entrada gratuita.
El cartel funcionó como un reloj suizo. Iván Ferreiro presentó «Trinchera pop» en una jornada de marcado pulso pop-rock, y Ángel Stanich firmó uno de los conciertos más comentados, con un repertorio que repasó su trayectoria sin acomodarse en lo previsible. A su alrededor, una nómina de bandas medianas y emergentes —entre ellas Altos Cargos y Tuya en el concierto de presentación— terminó de equilibrar el menú.
Más allá del cartel, lo que dejó esta edición fue una sensación clara de madurez. El recinto, perfectamente dimensionado tras el traslado a La Lechera, absorbió picos importantes de público sin perder calidad de sonido ni capacidad de movimiento. La barra, los accesos y el dispositivo de seguridad funcionaron con la solvencia de un festival con años de rodaje, algo que la prensa local subrayó con insistencia en las crónicas de los días posteriores.
El impacto económico volvió a ser uno de los grandes titulares. Hostelería, hoteles y comercios de Torrelavega notaron de forma evidente el efecto de un festival que actúa como motor de la semana de la Virgen Grande, con una afluencia que excede ampliamente el ámbito cántabro. Una parte importante del público llegó desde Asturias, País Vasco, Castilla y León y Madrid, confirmando esa dimensión nacional que el Soundcity lleva años cultivando con paciencia.
La organización, en su balance, insistió en una idea: el modelo es replicable, pero solo si se respeta la coherencia entre programación, ciudad y público. La VII edición no fue una casualidad ni un golpe de suerte. Fue la consecuencia lógica de siete años de trabajo y, sobre todo, una declaración de intenciones de cara al futuro inmediato del festival.

